Hugo Hernandez

En el año 1969, un hombre que adoptó a Venezuela como su patria, llega a París como representante de una compañía aérea, para instalarse allí durante los próximos 17 años. Esa estadía le permite cultivar amistades con personalidades que terminaron siendo grandes maestros del arte cinético.

La conexión con el arte en la vida de Hugo viene dada por momentos genuinos, o en sus propias palabras: intercambios muy simpáticos y muy espontáneos, pactos de humanidad y complicidad con los artistas, donde comienza a adquirir las obras que tanto llamaban su atención y despertaban su afinidad por el arte contemporáneo.

El valor de la colección radica en su espontaneidad, en haber logrado juntar a distintos genios de un movimiento, unidos por la amistad y la parte humana del arte. La mayoría de las piezas trae consigo una anécdota, una historia, que refleja lo especial y poco común; la sinergia perfecta entre amistad y arte, Hugo y los maestros.

Personalidades como Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Darío Pérez Flores, Tomasello, Narciso Debourg, Rafael Pérez, Asdrubal Colmenares, Luis Arnal, René Ugarte, Juvenal Ravelo, Rafael Martínez, Yaacov Agam, Acindino Quesada, Juan Pablo Salazar, y Sérvulo Esmeraldo, son los artistas que forman parte de la colección.

Como evidencia de su legado, generosidad y pasión por el arte, la familia Hernandez decide realizar esta exhibición, donde se expone apenas una muestra de las obras pertenecientes a la colección. Al mismo tiempo, cumpliendo uno de sus últimos deseos, se rinde homenaje a esa amistad entre Hugo y los maestros, demostrando la trascendencia del coleccionismo para la historia del arte venezolano.